Cual guerrero medieval se vistió con mallas largas
y al campo de batalla se enfiló.
Era gruesa su armadra, y ninguna arma penetraría en ella.
Ordenando los batallones, dando órdenes a diestra y siniestra.
De pronto, una luz resplandeciente lo cegó,
forzando al valiente guerrero a bajar de su corcel
y quitarse su casco para ver que sucedía.
No lo comprendía, iba muy bien armado y nada podía contra él.
Hipnotizado por la luz, su armadura se quitó,
quedando asi vulnerable a cualquier ataque.
De pronto, a lo lejos, una lanza se dirigía directo hacia él.
Y el guerrero esperando la estocada. Valiente...
Nunca vasilante
jueves, octubre 30, 2008
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