Has visto a esa persona especial enojarse, llorar y reir, la has visto reir mucho, de tus chistes, de muchas cosas, incluso de ti. Pero nunca la has visto reir viendo una película.
Eso es raro, te podrías decir a ti mismo, sobre todo, cuando la has visto llorar, (y según ella, no es una persona que llore con las películas, menos mal que tú eres el chillón).
Y entonces te lanzas en una búsqueda de aquel material que logre hacer reir a esa persona, películas por supuesto, de eso estamos hablando.
Y te resulta difícil, mucho, porque además de todo, tú eres muy simple, y te ríes con cualquier cosa que tenga el mínimo de gracia proyectado en la televisión o en el cine.
Te encuentras en un día cualquiera, y con cualquiera quiero decir que no estás conciente de tu misión, esa misión de que ella se ria de lo que está sucediendo en aquella expresión artística de Juan Pérez en la pantalla.
Y de pronto, sucede, la risa fluye, y entonces analizas, ¿por qué se rio? ¿por qué de esto si y de lo otro no? Te iluminas, sabes la respuesta. Es lógico, supones.
La vida real la hace reir, la vida real en la pantalla no, es lógico, es una persona tan alegre y se rie tanto en el día a día que si le enseñas lo mismo en una pantalla no se va a reir, en cambio, con situaciones irreales, infantiles y por supuesto que sean graciosas lograrás escuchar ese hermoso sonido que sale de su boca y te alegra el día.
Tan simple como eso, y entonces te das cuenta de muchas cosas más, de aquella niña interior que conserva en muy buen estado y te encanta.
Buscaste la risa...
...y la encontraste.
lunes, julio 27, 2009
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