lunes, julio 27, 2009

Para conocer a Inés

Hay que vivir con ella un mes.

Eso dice el dicho, y es totalmente cierto.

Tres días no son un mes, sólo un 10% de ese lapso de tiempo, sin embargo es tiempo suficiente para darte cuenta como es una persona dentro de la intimidad de su vida diaria.

Y aunque en este ejemplo al que me refiero del cual no escribiré detalles, no fue "vida diaria" como tal (pues fue en un contexto distinto en el que se desarrolla la vida cotidiana) me pude percatar de muchas cosas, reacción antes situaciones, la forma de ser a partir de que se abren los ojos hasta que se vuelven a cerrar, y más importante aún, convivencia, es decir, la forma de relacionarnos cuando estamos juntos 24/7, en este caso 24/3, o un poco menos.

No puedo ser objetivo, en lo absoluto, soy sujeto de prueba, y un sujeto de prueba sólo puede hablar desde su perspectiva.

¿Extraordinario? ¿Increíble? Puff, no sé, existen tantos sinónimos de lo magnífico que es estar con alguien de esas características en la situación en la que viví y la proyección e importancia que eso tiene.

En este momento me siento a punto de explotar de tantas palabras que hay en mi y no han sido escritas. Y me disculpo con quien lea este post, pero esas palabras no serán escritas, bueno, más bien, no serán publicadas, no aquí.

Tiendo a escribir reflexiones que parten de una experiencia personal, y esta es una de ellas, pero otra cosa es describir lo que significó para mi este tiempo del que les estoy hablando, es demasiado personal como para dejarlo a la vista de cualquier persona ávida de blogs.

Lo único que compartiré es que mi umbral de conocimiento hacia esta magnífica persona se ha ampliado, y todo, TODO, lo que he visto me gusta, incluso lo malo. Que miedo ¿no?

Para conocer a Inés hay que vivir con ella un mes. Ya viví un pequeño porcentaje de ese lapso, y lo que vi y conocí fue increíble, sin duda, la mejor experiencia de mi vida en este tema de la vida.