Al momento de acercarme notó un cambio radical, la paz que rodea la atmósfera me contagia y no puedo evitar sonreir, "ya llegué, que bueno que vine" digo para mis adentros.
Dejo mi vehículo, me preparo y salgo corriendo, como aquel día en que ese gran amigo me enseñó tantas cosas de esa naturaleza desconocida para mi.
Llego al lugar que hace tiempo no visitaba, me acerco a ella y le susurro, perdón por no haber venido en tanto tiempo, te extrañé.
Todo me indicó que ella también a mi, pues me acogió con todas sus energías, quizá era el buen humor que portaba desde antes de llegar pero mi cuerpo me pareció más ligero que de costumbre y aunque no logré en una visita lo que me propusé lograr para el regreso del amigo, ella y yo tuvimos una plática interesante, y estuvimos totalmente de acuerdo en que tendría un mes para cumplir el reto.
Al ocultarse el sol nos despedimos y fue ahí cuando sucedió, la montaña me obsequió un fragmento de su energía. Sólo me pidió que la usara correctamente y que volviera pronto a mezclarnos de nuevo, mezclar nuestras energías.
sábado, enero 17, 2009
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